Nació en 1964 en Bahía Blanca,
provincia de Buenos Aires, Argentina. Egresó como Licenciado
en Ciencias de la Computación de la Universidad Nacional
del Sur, radicándose en 1993 en Tres Arroyos, donde participa
de la fundación de la filial local de la Asamblea Permanente
por los Derechos Humanos (APDH), ONG a la que continúa
perteneciendo. Desde hace casi 20 años se dedica a la
fotografía documental. Habiéndose formado inicialmente
con reconocidos profesionales del medio, amplía sus conocimientos
de manera autodidacta. Realizó varias exposiciones individuales.
Sus obras fueron exhibidas en distintos lugares de la Argentina,
Brasil, España, Cuba, Francia y Portugal. Algunas de
ellas integran colecciones públicas y privadas, como
la del Fondo Iberoamericano de Fotografía de La Habana,
Cuba, entre otras. Ha sido premiado en diversos salones y concursos
nacionales e internacionales.
Rubén
Pinella en un flash
Nació en Tres Arroyos, provincia
de Buenos Aires, Argentina, el 24 de julio de 1967. A poco de
haber terminado el colegio secundario se vinculó a diversas
emisoras de la región, en las que ideó y produjo
varios programas musicales, de interés general y periodísticos.
En 1993 nació su interés por la fotografía.
Realizó sus primeros aprendizajes en la Secretaría
de Extensión de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad
Nacional de La Plata. Paralelamente, continuó con su
actividad en medios de comunicación. En 1999 comenzó
su labor docente en diversas escuelas. Mas tarde es convocado
por el periódico de publicación mensual El Periodista
de Tres Arroyos para trabajar como redactor, cronista y fotógrafo.
Expuso sus fotografías en forma individual y en distintas
muestras colectivas.
JORGE
POUSA,
AUTOR DE ABANDONOS
JUNTO CON RUBÉN PINELLA
«La falta de compromiso
social,
de ideologías y el individualismo
hicieron posible el abandono
que vivimos en Tres Arroyos»
Este libro documental
reúne fotografías sobre las devastadoras consecuencias
sociales que ocasionaron las políticas neoliberales en
el partido de Tres Arroyos (Argentina). Para combatir la injusticia
y a la desigualdad que denuncian, los autores —Jorge Pousa
y Rubén Pinella— donaron las ganancias obtenidas
a escuelas, comedores escolares y salas de primeros auxilios.
Su gesto movilizó una cadena de solidaridad.
María Laura Nieto
teina@estudiocasa.com.ar
Tres
Arroyos se ubica en la región sur de la provincia de
Buenos Aires, Argentina. Según un folleto de promoción
turística, «nació como casi todos los pueblos
de la provincia, a los alrededores del ferrocarril, para más
tarde tomar características propias y distintivas»,
principalmente como una zona agrícola ganadera con una
importante actividad industrial. Hoy, Rubén Pinella (Tres
Arroyos, 1967) y Jorge Pousa (Bahía Blanca, 1964) no
opinan lo mismo. Para ellos estas características definen
a un Tres Arroyos de otra época, un Tres Arroyos anterior
a la implementación de las políticas del neoliberalismo
y la globalización impuestas en el país desde
los años 90.
Esas políticas,
sobre todo las de la década menemista, paralizaron la
red ferroviaria y provocaron que la producción agropecuaria
dejara de ser rentable para los pequeños productores.
Como consecuencia llegó el desempleo, el cierre de cooperativas,
las ventas desfavorables de
los campos de los pequeños y medianos productores a los
grandes capitales, el abandono de las casas debido a las nulas
posibilidades de alquilarlas o de venderlas, y finalmente el
éxodo hacia las ciudades. Sin embargo, todavía
hay quienes permanecen en los pueblos porque saben que no podrán
reinsertarse en el sistema económico de las áreas
urbanas, colapsadas tras el cierre de industrias y fábricas.
Así, como si se tratara de un circuito sin salida, también
hay personas que escapan de la miseria y de la marginalidad
que padecen en la ciudad y vuelven a los pueblos, donde ocupan
construcciones ruinosas que convierten en su hogar, pese a las
pocas perspectivas de trabajo. Impotentes frente a este panorama,
y como una forma de catarsis, Pinella y Pousa fotografiaron
las consecuencias de ese abandono en el distrito de Tres Arroyos.
Eso sí,
lo curioso es que lo hicieron por separado: se conocieron después
de que cada cual hubiera registrado a su manera el tema que
los unía. El encuentro se produjo en la Biblioteca Popular
y Centro Cultural José Ingenieros de Tres Arroyos, sitio
donde se concentra el pensamiento alternativo de la ciudad,
y donde comprobaron que sus inquietudes sociales y sus perfiles
laborales se parecían. Cuando se enseñaron sus
respectivos trabajos fotográficos, decidieron publicar
de manera conjunta un libro solidario de carácter documental;
el dinero que obtuvieran lo dedicarían a paliar las necesidades
urgentes de los sectores más castigados por las políticas
neoliberales. A la vez, el proyecto serviría para denunciar
y promover la reflexión sobre las causas que provocaron
el abandono que habían retratado.
Y así
surgió Abandonos, un libro cuyo mensaje ha llegado incluso
hasta Francia. Con todo, más que su alcance internacional
resulta interesante constatar que el proyecto excedió
al libro como objeto en sí y comprometió a todo
el circuito involucrado en su producción y circulación.
Las ONG que lo financiaron, las personas particulares que lo
apoyaron y las entidades que colaboraron lo hicieron de manera
desinteresada. Hasta las librerías locales vendieron
el libro sin obtener beneficio alguno. Pinella y Pousa —miembros
de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos— lograron
armar con medios escasos una eficiente y sólida cadena
de solidaridad. Jorge Pousa habló sobre esta experiencia
con Teína.
—¿Cómo
surge Abandonos? —Surge a mediados de 2002 tras darnos cuenta de que una parte
de nuestros trabajos, aunque estaban realizados en diferentes
ámbitos y presentaban estéticas distintas, tenían
en común un aspecto mucho más relevante: su discurso.
Tanto unas imágenes como las otras exhibían las
consecuencias lamentables que ha provocado en el partido de
Tres Arroyos, y por extensión en toda la Argentina, la
puesta en práctica de políticas económicas
perversas, que han causado injusticias y desigualdad. Las fotos
de Abandonos muestran el despojo, las ruinas de un tiempo de
esperanzas que languidecieron.
—¿Quienes
integran este proyecto? —Si bien Abandonos es de Rubén y mío, dentro
de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), no
podemos dejar de nombrar a la France Amérique Latine
(FAL) de Toulouse, y en particular a Cristina Til Lerín,
que hicieron propio el proyecto y trabajaron a destajo para
conseguir el financiamiento para la edición del libro.
—¿Qué
es APDH - Tres Arroyos? —Es una filial local de la APDH a nivel nacional; así
que trabajamos en todo lo que tenga que ver con las violaciones
a los Derechos Humanos en la ciudad. Funciona con una mesa directiva
—de la cual formo parte—, y entre los asambleístas
está Rubén.
EL
ESTADO ABANDONÓ SU FUNCIÓN SOCIAL
—¿A qué alude el título del libro? —Al abandono por parte del Estado de su función social,
especialmente durante la década del 90, donde se aplicaron
políticas neoliberales de reducción del Estado
y se privatizaron —entregaron— las funciones sociales.
—¿Qué
zonas decidieron retratar? —La ciudad de Tres Arroyos y los pueblos que pertenecen al
partido de Tres Arroyos, como una particularización de
lo ocurrido en el país.
—Cada
uno de ustedes trabaja diferentes aspectos de la representación
del tema: en tus fotografías se ven a las personas que
sufren ese estado de abandono, en las fotografías de
Rubén se ven espacios vacíos, desolados, roídos
por el tiempo. ¿Por qué? —El proceso neoliberal afecta de diversas formas a los pueblos
y las ciudades. El cierre de los ferrocarriles en los pueblos
motivó el éxodo de la mayor parte de la población
a los centros urbanos, y provocó ese vacío y desolación
que mencionás. La ciudad se volvió entonces receptora
de esas personas que buscaban alguna salida laboral, conjuntamente
con quienes se quedaron sin trabajo en las fábricas y
en los negocios que iban cerrando en la propia ciudad. Rubén
y yo priorizamos cada cual por su cuenta uno de esos aspectos
específicos.
—¿Trabajaron
en conjunto o cada uno por separado? —La documentación la realizamos por separado, casi
sin conocernos. Luego, decidimos hacer algo en conjunto y trabajamos
codo a codo para publicar el libro y concretar el proyecto solidario.
—¿Cuánto
tiempo les llevó tomar las fotografías? —En mi caso, diez años, y durante ese lapso documenté
cuatro temas:
1. Las condiciones de trabajo de las familias que acuden
al basural municipal a buscar elementos para vender. En la
década del 90 se pasó de dos o tres familias
—históricas— a unas ochenta. Ese trabajo
fue parte de la denuncia social que hice, junto a compañeros
de la APDH.
2. La proliferación de los comedores infantiles comunitarios,
como única vía para que se alimenten una gran
cantidad de niños.
3. La quiebra de fábricas o la reducción y pauperización
de las condiciones de trabajo.
4. El cierre y abandono de la estación y talleres ferroviarios.
LA
SOLIDARIDAD ES COSA DE TODOS
—¿Cómo
se materializa el libro? —Abandonos se ha podido publicar gracias al comprometido
apoyo que recibimos de parte del Comité de Toulouse de
France-Amérique Latine (FAL) y la participación
de ATTAC Toulouse, dos ONG francesas, que con el propósito
de financiar el proyecto promovieron la venta anticipada del
libro en diversos eventos desarrollados en Europa, algunos incluso
organizados especialmente para este fin..
—¿Cuáles
fueron esos eventos? —Abandonos estuvo en el Forum Social du Grand Sud
(Toulouse, abril de 2003), en el Foro Social de Aveyron, (junio
de 2003), en el Encuentro Nacional Altermundialista de Larzac,
(agosto de 2003) y en la Biblioteca Municipal de Saint Jean
(septiembre de 2003). También algunos medios de comunicación
franceses difundieron nuestro trabajo, y se realizó una
soirée en la ciudad de Toulouse, dedicada enteramente
a la suscripción y el financiamiento del libro, a la
que asistieron muchas personas. Este evento contó con
un
programa muy amplio: algunos intelectuales debatieron junto
al público sobre la situación de la Argentina,
se proyectó una película documental del argentino
Claudio Remedi, unos actores franceses leyeron fragmentos de
El Saludador de Roberto Cossa, un grupo de bailarines realizó
una demostración de tango mientras los músicos
ejecutaban partituras de Astor Piazolla, y se proyectó
un diaporama con todas las fotos publicadas en Abandonos. Una
vez obtenido el dinero, el libro se imprimió en los talleres
de la imprenta Chilavert, una empresa quebrada en los 90 y reflotada
por sus obreros quienes crearon una cooperativa.
—¿De
qué manera Abandonos se convierte en un acto de solidaridad? —Todas las ganancias obtenidas por la venta de Abandonos
se destina a instituciones de las más perjudicadas por
la realidad que denunciamos allí. Comedores comunitarios,
escuelas rurales y de barrios carenciados, salas médicas,
sociedades de fomento, etcétera fueron los destinatarios
del dinero recaudado, o bien de ejemplares que ellos mismos
vendieron para beneficio de la institución. En total,
efectuamos 25 donaciones por un monto total superior al que
se necesitó para realizar el libro.
—¿Cómo
recibió el libro la gente de Tres Arroyos? —La presentación fue a sala llena y el libro se vendió
muy bien en la ciudad. Como no hubo editorial de por medio,
las ventas se realizaron en eventos, en las propias instituciones
beneficiadas y en librerías locales, las cuales lo vendieron
sin obtener ningún tipo de ganancia. Los medios se hicieron
eco del proyecto y difundieron todas las actividades y donaciones
que llevamos a cabo. Existió una cadena solidaria en
torno a Abandonos.
—Después
de realizar este trabajo, ¿cómo describirías
Tres Arroyos? —Tres Arroyos no escapa a la idiosincrasia de las localidades
de la provincia de Buenos Aires: su tono es conservador (como
pudo verse en el conflicto del campo). No creo que haya habido
un antes y un después de Abandonos en ese sentido, sería
pretencioso de mi parte decir eso. Pero sirvió para debatir
adónde conduce el individualismo y la falta de compromiso.
Durante los 90, comencé a documentar lo que sucedía
en la cocina de la fiesta menemista, como una forma de catarsis
al ver a una sociedad idiotizada por poder comprar electrodomésticos
en cuotas mientras alrededor se destruía todo. La falta
de compromiso social, de ideologías y el individualismo
hicieron posible este abandono.